Brubaker, Phillips y una historieta criminal

Por Dán Lee. Publicado originalmente en Comikaze #33 (abril de 2017)

 

 Sin ley

La calle mal iluminada era lo único que me separaba del enfrentamiento. Me había impuesto la misión de rastrear a este Criminal y ahora lo tenía frente a mí. Sólo uno de los dos saldría caminando erguido. Extraje el TPB de su bolsa sin muchas esperanzas, aunque era difícil no generar expectativas al leer el nombre Brubaker en la portada. Sabía que este tipo era de los que portan armas y no dudan en usarlas.

Una mala noche

En los últimos diez años, Ed Brubaker había formado sociedad con un verdugo de nombre Sean Phillips, tipo de mano firme y efectiva. Juntos ejecutaron sendos golpes, pocos, pero bien planeados. En 2006 perpetraron Coward, bajo el padrinazgo de Icon, grupo que los reclutó y protegió hasta 2012. Luego se largaron con la gente de w, famosos por dar acogida a personas de su calaña. Asomarse a su primera felonía es como penetrar en las entrañas de la noche.

Suena a cliché, pero justamente ése es el juego de Brubaker y Philips: apropiarse de los lugares comunes del género negro para crear historias intensas, con giros que pisotean las expectativas del lector, cliffhangers que arden en los ojos al notar que se llegó a la última página de ese número. No hay concesiones para quien se adentre en las páginas de Criminal: la narrativa te coge del cuello y te lleva a rastras hasta el siempre doloroso final.

 

El modus operandi de Brubaker y Philips está bien identificado, lo han repetido sin pudor y no hay quien les marque el alto: historias cortas de entre tres y seis números, todas ellas perpetradas en Center City. Cada arco argumental se enfoca en las andanzas de uno de esos personajes que viven de noche, de espaldas a la ley, con un revólver a la mano, y que desconfían hasta de quien duerme en la misma cama. La lista de ejecuciones asciende a seis: Coward (2006), Lawless (2007), The Dead and the Dying (2008), Bad night (2008), The Sinners (2010) y The last of the Innocents (2010). Estos felones también han incurrido en trabajos rápidos, one-shotsen los que entran, hacen lo suyo y escapan antes de que alguien llame una patrulla: Special edition (2015) y 10th Anniversary Special (2016).

Pecadores

Aunque el trabajo coordinado de Brubaker y Phillips es lo que tiene a Criminal en la lista de los más buscados, el orquestador y principal culpable es Brubaker, tipo capaz de una galería de galanes y mujeres fatales con personalidades sólidas que actúan de forma natural. El lector vive junto con ellos, su transpiración empapa; la empatía es tal que se desea que esos malhechores se salgan con la suya. El autor inserta vistazos al pasado que cimentan el trasfondo del personaje y lo dotan de volumen. Un ejemplo: Leo, protagonista de Coward; delincuente experto en pasar desapercibido y en notar los puntos flacos de cualquier proyecto delictivo; fue entrenado por un experto carterista de la vieja guardia; resentido contra la ley y el orden por la influencia de un padre criminal; por su pericia para escapar de las situaciones más peliagudas, en el bajo mundo lo tachan de cobarde; prefiere trabajar solo y sin usar armas de fuego, pues además de que no quiere llamar la atención, es mal tirador.

 

Otro destello en la oscuridad de Criminal son los diálogos. Tras las sombras se encuentran líneas de sabiduría, frases contundentes como un cachazo en la nuca. Hay crudeza viva y brillo en las voces que murmuran, ladran amenazas o prometen falsedades en Center City.

En cuanto al arte, el gran mérito de Phillips es retratar la violencia en un nivel humano. Muestra reacciones verosímiles ante las situaciones extremas que viven los personajes; los gestos y el lenguaje no verbal son nítidos; sabemos lo que pasa en la cabeza y las entrañas de los protagonistas. Por su parte, los colores planos (a cargo de Val Staples o Elizabeth Bretweiser según el volumen) colaboran a crear esa atmósfera asfixiante tan necesaria en el noir.

El último inocente

Como lo anticipé, en este encuentro sólo uno de los dos quedaría en pie. En las alturas, a través de alguna persiana rota, Criminal me apuntaba con esa mirilla infalible. El plomo ardiente devoró smog hasta clavarse entre mis ojos.

Una víctima más sobre el asfalto.

Abrazado a mi TPB, espero con ansias el siguiente tiro.

 

Muertos y moribundos

Los bandidos que habitan Center City comparten los mismos hitos históricos, las anécdotas que han marcado al vecindario y la ciudad. Escenarios y nombres conocidos, que en ocasiones apenas se mencionan en un episodio y se retoman con fuerza en otro, colaboran a delinear el mural cochambroso que se extiende a lo largo de los arcos de Criminal, y reafirman la sensación de inmiscuirse en un mundo que existe o existió en realidad. Esta percepción se intensifica al leer los tomos compilatorios.

Dejo aquí una lista de tres historias de Criminal que deberían estremecer a cualquier lector, por muy seca que sea su alma:

+Coward (Eisner 2007 a la mejor serie nueva). Un delincuente hábil para la huida y maestro en planear trabajos pequeños y sin errores es reclutado para un robo de joyas en grande. El instinto le dice no, pero se deja convencer. ¿Qué puede salir mal en el golpe perfecto?

+The Dead and the Dying. Tres historias solitarias ubicadas en el pasado de Center City se entrecruzan (en un ejercicio que sin duda envidia Tarantino) para mostrarnos el origen del gran capo de la ciudad. Box y lealtad, violencia ciega y pasión que transmuta en odio.

+The last of the innocents (Eisner 2012 a la mejor serie limitada). Contraste entre la realidad adulta y la vida como se idealiza en la primera juventud; esta diferencia se plasma en la historia de Riley Richards, un tipo en la cúspide del estrés: infiel, debe dinero a la mafia y acude al funeral de su padre. Viaje a la nostalgia en el que los mundos opuestos y la pérdida de la inocencia se enfatizan con el dibujo: los flashbacks aparecen en un estilo tipo Jack Kirby con personajes casi salidos de Archie. Desde mi poco humilde opinión, el mejor volumen de la serie.

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