Martín Arceo: una vida de cuadritos

Por Joel Cuéllar López

 

En la historia del cómic mexicano es común que se escriba acerca de los autores, ya sean guionistas o dibujantes. Incluso es normal que leamos acerca de los dueños de las empresas que en algún momento editaron tirajes por millones, o de los editores de algún proyecto actual. Sin embargo, también es común que pasen por alto traductores, correctores de estilo o comunicadores que se han dedicado a promover la historieta.

Esta breve nota es un esfuerzo por valorar el trabajo de una de las personas que han dedicado su vida a difundir la historieta en México, motivado por la pasión que tiene por este medio y no por satisfacer su ego o por alimentar una agenda oculta.

Me refiero con esto a Martín Arceo Salazar, quien por más de treinta años ha sido testigo de la evolución del cómic en nuestro país, desde los tiempos de la robusta industria hasta los proyectos digitales de la actualidad. Martín aceptó tomarse un tiempo para platicar y comentar un poco sobre el tema del que menos habla: él y su carrera.

Como muchos otros de su generación, creció leyendo los cuentos de personajes como La pequeña Lulú que eran ubicuos en ese tiempo y con los que aprendió a leer, interesándose posteriormente en la literatura fuera del medio del cómic. Para los once años ya se encontraba leyendo obras como Un mundo feliz de Aldous Huxley, sin dejar de lado las lecturas de personajes obligados como Batman.

Lo primero que yo recuerdo tener en mis manos fue un cuento de La pequeña Lulú, apunta Arceo, para quien uno de los mayores triunfos narrativos de las historietas con las que creció fue el clásico “continuará…”, con el que los autores solían terminar cada entrega. Con este recurso atrapaban a la audiencia para asegurar la venta del número que se pubicaría semanas después. Esta experiencia, reconoce, debe ser difícil de imaginar para las generaciones posteriores que han crecido en una época de inmediatez, producto de los medios digitales.

Así como hoy día los personajes que se originaron en el cómic estadounidense son llevados al cine, la televisión o los videojuegos, la historieta mexicana lleva un largo rato siendo el origen de personajes y argumentos que son adaptados a otros medios, asegura el periodista. Este ha sido el caso de personajes que en su mayor parte no han sido superhéroes, como Oyuki, Rubí, Rarotonga o El Santos.  Presentando situaciones extraordinarias, la historieta te explica situaciones cotidianas, asegura Arceo que es la fórmula del cómic para hablarnos de nuestra condición humana.

En 1988, mientras estudiaba psicología en la UNAM, conoció a Daniel Muñoz Martínez, autor de El Pantera, y a través de él a la Hermandad de Historietistas, donde se codeó con toda la pléyade de autores de la historieta mexicana, incluyendo a leyendas como Antonio Gutiérrez (ilustrador de Yesenia, Rubí y El pecado de Oyuki), Sixto Valencia (responsable artístico de Memín Pinguín), y Ángel Mora (ilustrador de Chanoc).

En esa misma época formó un grupo de amigos junto con Sebastián Bachan Carrillo y J. G. Olguín, siendo el primero quien les dio el pitazo de en Novedades Editores estaban buscando guionistas, dibujantes y traductores. Los tres respondieron al llamado y todos salieron con un encargo, marcando para Arceo el 21 de marzo de 1989 el inicio formal de su carrera en el mundo del cómic, con una sinopsis y luego un guion sobre la tragedia del Titanic. Tras ello siguió trabajando con el sello como guionista de los títulos Hombres y Héroes, Joyas de la Literatura y Novelas Inmortales.

En aquel momento pudo vivir en carne propia la línea de producción que la industria de la historieta nacional todavía poseía, donde cada miembro se encargaba exclusivamente de su parte en el proceso: Yo entregaba el guión y me enteraba de quién lo había dibujado hasta que estaba impreso, recuerda Arceo, quien posteriormente tradujo la edición mexicana de La espada salvaje de Conan el bárbaro. Con este mismo rol comenzó a trabajar para Editorial Vid, realizando además corrección de estilo. A diferencia de la línea de ensamblaje utilizada en Novedades, en Vid se trabajaba con un esquema de equipos, lo que facilitó su labor.

Fue en 1993 cuando se involucró en el proyecto por el que muchos lo conocen mejor: el programa de radio Cómics, en el 1290 de AM. Su participación se dio gracias a que desde la infancia conocía al locutor de radio Salvador Quiauhtlazollin, ya que por muchos años fueron vecinos en la colonia Postal del entonces Distrito Federal. Los años de su participación en la radio coincidieron con el momento en que gracias a La muerte de Superman el cómic vivió un boom mediático. Martín describe este fenómeno como un movimiento de creadores y aficionados que promovió una escena de la historieta en México.

Fue justo su colaborador J. G. Olguín uno de los primeros en escribir columnas especializadas sobre el tema, ayudando a articular dicho movimiento, que se consolidó en la última década del siglo XX con las convenciones de cómics, medio en el que Arceo tuvo un importante papel como cofundador de CONQUE, luego de que Luis Gantús lo contactara para echar a andar este evento para la Ciudad de México, con apoyo de personas como Paco Jiménez, director editorial de Vid.

 

Martín comenta la diferencia entre la escena de aquellos tiempos y su posterior profesionalización: Nosotros no empezamos esto por negocio… queríamos divulgar la historieta y consolidarla como medio… por eso la primera CONQUE tenía todo lo que se podía ver en una convención gringa de tamaño grande, con presentación de cine, homenaje para Yolanda Vargas Dulché y Antonio Gutiérrez, entre otras cosas.

También difiere un poco con la opinión de Bernardo Fernández, Bef, sobre los alcances del movimiento de la historieta en México, pues mientras que el novelista gráfico afirma que su gran logro consiste en haber llevado la historieta a las librerías, Martín Arceo opina que su trabajo como promotor y el sus colegas propició que el cómic fuera visto como un medio de comunicación por sí mismo, porque antes era considerado subliteratura.

En 1996 comenzó a trabajar en el periódico La Jornada, donde permanece como colaborador y donde ha decenas de columnas sobre historieta, aunque su labor se ha enfocado en el oficio de redactor, expandiendo o sintetizando notas y asegurándose de su calidad. Veinte años después, en 2016, fue invitado a un panel dedicado al proyecto de televisión por internet Rompeviento, y causó tan buena impresión que fue invitado a tener su propio programa, titulado ¡Santos Cómics!, con el que desde hace más de tres años promueve a los autores y proyectos de la historieta nacional e internacional.

 

En cuanto a su trabajo más reciente, en 2019 colaboró con Larousse para la edición del libro Cómo crear un cómic, enfocado al público infantil e ilustrado con una amplia gama de ejemplos provenientes del cómic nacional. Además de sus participaciones constantes en La Jornada, varios de los episodios semanales de ¡Santos Cómics! están disponibles visitando esta lista de reproducción de YouTube.

 

 

 

Author: Joel Cuéllar

Psicólogo y psicoterapeuta aficionado desde la infancia a las historietas. Ha participado como articulista en medios digitales como la extinta Afónica magazine e impresos como la revista Crisálida. En el ámbito académico ha sido conferencista para la comunidad “La Finisterra” (UNAM) de investigadores de videojuegos, comics, anime y otros productos culturales. Participó en el laboratorio de experimentación e innovación con videojuegos y arte interactivo “LEIVA” de la Secretaría de Cultura, y fue ponente en el primer coloquio interdisciplinario de cómic de la FES Acatlán. Twitter: @JoelCuellarMTRE

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