El cómic autobiográfico en el siglo XXI (segunda parte)

Por Dán Lee. Publicado originalmente en Comikaze #36 (marzo de 2019)

 

Es una forma de transformar la infelicidad. Es magia.

David B.

Además de hacerse de un nombre (graphic memoir, como se mencionó en la entrega anterior) y de un nicho en el mercado, el cómic autobiográfico también ha tomado un papel relevante entre artistas que han hallado en la historieta una forma novedosa de exorcizar sus demonios. Cuando hay algo qué decir, se tiene talento y se encuentra el medio adecuado para comunicarlo, se da una coincidencia casi mágica que genera obras trascendentales. Tal es el caso de las novelas gráficas que se mencionan en este artículo.

Como lectores, tenemos la oportunidad de visitar estas historias de infancia y familia como testigos casi presenciales, pues al ser autobiografías, la voz de los autores nos acompaña en cada página; para bien o para mal, podemos experimentar de primera mano los sentimientos, ideas y obsesiones que vivieron los artistas. El nivel de gozo estético y de sufrimiento vicario se balancea de forma muy equitativa; no habrá lector que salga indemne.

 

Epileptik (David B. Pantheon Books, 2005; originalmente publicado como L’Ascension du Haut-Mal en 2002). Un vistazo a las páginas de esta novela, ambientada en su mayor parte en los años 60 y 70, permite ver cómo es que el autor percibe su infancia: negra.

Plastas oscuras ensombrecen las páginas; se percibe en ellas una amenaza. Esa amenaza es la epilepsia de Pierre Cristophe, hermano mayor de David. Esta enfermedad se representa como una serpiente que resquebraja la unidad familiar por medio de los ataques que sufre Pierre, cuyos problemas conductuales se acentúan con los años. La epilepsia trastoca la dinámica familiar en todos los sentidos, pues condiciona los lugares en los que habita la familia y lleva a los padres a buscar remedios disparatados.

La novela sobresale por la forma en que la versión infantil de David B. utiliza la imaginación para manejar su miedo a ser también víctima de la epilepsia; hay una carga de símbolos y de collages plasmados con un estilo expresionista que transmiten sin ambages la angustia y la culpa que le genera a David no sólo no poder ayudar a su hermano, sino también sentir odio hacia él y su discapacidad. Es una obra dura y sombría, como la infancia del autor.

 

The best we could do (Thi Bui. Abrahams ComicsArts, 2017). Cuesta trabajo creer que esta novela de trazo sencillo y minimalista sea la ópera prima de Thi Biu. La historia comienza cuando la autora se enteró que sería madre y se preguntó si en el futuro lograría construir una relación cercana son su hijo (o hija), pues ella y su padre, un refugiado vietnamita, mantenían una distancia incomprensible para ella.

La autora se sumerge en la historia de su padre, quien hasta entonces no le había contado la forma en que los conflictos bélicos parecían seguirlo desde que nació, y cómo a lo largo de su estancia en Vietnam no logró vivir en paz, pues cuando lograba cierta estabilidad, debía salir huyendo debido a un nuevo conflicto social. Esta cadena de huidas lo hacía cortar lazos cada vez que debía alejarse, hasta convertir a su padre en un nudo de desconfianzas cuyo único vínculo significativo era su esposa. Ambos logran escapar de un país por el cual él jamás sintió arraigo, para llegar a otro en el que tampoco logrará echar raíces.

En contra de toda adversidad, el hombre se toma tiempo para estudiar, pues siempre deseó una vida más tranquila. Esta dureza y las atrocidades que atestiguó dan por resultado un ser ensimismado, siempre ajeno, para quien es imposible expresar emociones aún en su círculo más cercano. El lector, junto con la autora, logran sentir empatía por el señor Bui, en espera de que ese círculo de mutismos se rompa con la llegada del nuevo miembro de la familia.

 

Stitches (David Small. W. W. Norton & Company, 2009). Silencio. Imaginemos una caminata por una ciudad al amanecer, sin prisa; empieza a nevar. Así es como se experimenta la historia que Small presenta en Stitches. El arte en gris, blanco y negro, en tinta y acuarela, recuerda por momentos al manga, especialmente en el uso de viñetas en las que aparentemente no sucede nada, pero que apuntalan una atmósfera muda como la residencia de los Small, en la que las palabras o los ruidos en la cocina eran sinónimo de conflicto y más valía mantener el silencio.

Small representa a su familia (padre, madre y hermano) como un manojo de nervios que sufren de incomunicación crónica, incapaces de conectar con los otros por medio de las palabras, por lo que impregnan sus conductas con significados que el pequeño David no alcanza a descifrar por completo, a pesar de su inteligencia.

El ovillo de la historia se desenvuelve tensamente hasta el momento en que a David se le descubre un forúnculo en el cuello. Ese evento es el catalizador a partir del cual se develan los secretos de la familia, uno tras otro, en una avalancha de cicatrices físicas y psíquicas que hacen de esta novela algo inolvidable.

 

Blankets (Craig Thompson, Top shelf, 2003). Una tradición norteamericana consiste en coser una colcha con retazos de tela que representan momentos significativos para quien la elabora o la recibe, en caso de que se trate de un regalo. Blankets es la unión armónica de retazos de la vida de Thompson: la violencia que sufre en su infancia, la confrontación de sus creencias cristianas y la dureza con que lo trata el entorno, y el conflicto que surge entre las ideas estrictas de la religión y sus impulsos y deseos al enamorarse por primera vez de Raina.

El punto más alto de la historia se da en la forma en que el autor transmite la intensidad de la relación entre estos adolescentes. En esas secuencias, que abarcan la segunda mitad de la novela, Thompson logra composiciones y viñetas que hoy son cimas de la narrativa gráfica. Conflicto interior, conflicto contra la sociedad, infancia y una historia de amor; tal vez estemos ante la novela perfecta.

 

Como es obvio, este recuento se queda corto dada la cantidad de autobiografías que se han publicado en los últimos años en forma de cómic. En especial decidí dejar fuera a una novela que se cuece aparte (la cantidad de premios que ganó en su momento, así como artículos académicos y tesis de grado que la estudian lo confirman); me refiero a Fun Home, de Alison Bechdel, obra que merece un artículo más detallado y para lo cual esperemos haya espacio en el futuro.

Es de agradecer que artistas con el talento y la capacidad de los citados en este artículo hayan encontrado en el cómic la manera perfecta de narrar sus historias con la extensión, profundidad y visión del mundo que ameritan. Ojalá sean sólo una muestra de las obras que nos depara el resto del siglo XXI.

 

Author: Dán Lee

Traductor y corrector de estilo desde hace 20 años, ganó el Premio Nacional de Cuento en 2009 (Premio Rafael Ramírez Heredia) y 2013 (Premio Acapulco en su tinta). Es autor de los libros de narrativa Función Monstruo (Miguel Ángel Porrúa, 2013) y Mentiras bien contadas (UNAM, 2014). Autor del libro académico Un descenso al abismo (Editorial Académico Española, 2012). Escritor del comic Canek Jr., es miembro del colectivo artístico This is Lucha Libre, ha colaborado en más de veinte antologías de cuento nacionales e internacionales, así como en revistas de literatura impresas y electrónicas como Día Siete, Punto de Partida, Cultura Urbana, Revista Mexicana de Literatura, Vozed, Penumbria, Furia de Titanes, entre otras.

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