Bronca: entre el llanto y la discusión

Por Everardo Ferrer

 

Los años 80 del siglo pasado fueron tiempos extraños para la historieta mexicana, no sólo porque el cómic industrial se hallaba en apogeo, sino porque instituciones como la mismísima Secretaría de Educación Pública (SEP) encontraron en la narrativa gráfica un vehículo eficaz para interesar al público en la lectura, hacer que aprendiera pasajes de la historia de México y conociera obras de la literatura nacional que difícilmente leería en prosa.

En sociedad con editoriales importantes como Sayrols o Nueva Imagen, la SEP lanzó títulos como Episodios Mexicanos, México, Historia de un Pueblo y Novelas Mexicanas Ilustradas, con la participación de los más destacados guionistas y dibujantes de la todavía fuerte industria historietil mexicana. Pero, en un hecho sin precedente, la misma SEP decidió apoyar un proyecto a todas luces arriesgado, sobre todo en tiempos en los que publicar una revista que incluyera cómic de autor en México era visto como algo impensable.

El cómic se estaba convirtiendo en un fenómeno en todo el mundo. En Estados Unidos crecía la escena independiente, y en Europa y América Latina cobraba gran fuerza el cómic autoral, mientras que México seguía ceñido a la historieta industrial, publicando personajes que, si bien eran trabajados con cierto toque de autor, no dejaban de mantener ciertos lineamientos marcados por las editoriales que los publicaban.

 

Aún así, en 1980, gracias a la alianza de la SEP y Editorial Penélope, y con un formato de gran lujo, surgió un parteaguas en la escena del cómic mexicano: Snif, El Mitin del Nuevo Cómic. Desde el cintillo se adivinaba cierta tendencia, y no era de extrañar, pues a la cabeza del proyecto se encontraba Paco Ignacio Taibo II, escritor y luchador-activista social de origen español, pero mexicano hasta las cachas, quien en esta publicación contó con el apoyo de gente como Sealtiel Alatriste, Armando Bartra y Juan Manuel Aurrecoechea, entre otros.

Snif dio a conocer en México los trabajos de importantes autores españoles, como Carlos Giménez, Luis García, Alfonso Font y Ventura & Nieto, así como del italiano Hugo Pratt y los argentinos Muñoz y Zampayo, e incluso de un Fontanarrosa más allá de Boogie el Aceitoso. Pero también dio cabida al trabajo autoral de los artífices del cómic industrial mexicano.  Además, los artículos que complementaban la publicación dieron un valor especial a la revista, al enriquecer el conocimiento del lector acerca del medio.

 

Sin embargo, el romance entre la SEP y la historieta terminó con el cambio de administración. Snif logró publicar cinco números regulares y un especial titulado Hom, una soberbia adaptación de Carlos Giménez a The Long Afternoon of Earth (En el lento morir de la Tierra) de Brian Aldiss.

¡Ya hubo bronca!

Ya en el sexenio de Miguel de la Madrid, en 1985, surgió otro proyecto que rescató el espíritu y la intención de Snif: demostrar, más que al lector habitual de historietas a aquel que las desdeñaba, que el medio iba mucho más allá de cómics de superhéroes e historieta industrial. Se trató de Bronca, Revista adulta de historieta, aparecida de la mano de Editorial Leega. Esta nueva propuesta contó con la dirección de Paco Ignacio Taibo II y con prácticamente todo su equipo de Snif, pero también sumó a personalidades del medio, como Jorge Belarmino, Sixto Valencia, Ángel Mora, Juan Alba y Rolo Díez, entre otros.

 

Las propuestas y la difusión de autores europeos y latinoamericanos se ampliaron en Bronca con la llegada de, por ejemplo, el brutal Torpedo 1936, de la dupla Sánchez-Abuli, o de los trabajos de Solano López, dibujante de El Eternauta. Pero no sólo se publicó el material de los autores extranjeros que habían sido parte importante de la corrida de Snif, sino que se colocaron al mismo nivel las obras de los historietistas mexicanos. Todos los trabajos presentados en Bronca eran manejados con la misma importancia, como debe hacer cualquier publicación seria.

Y porque en México también hace aire, el trabajo del maestro Juan Alba, creador gráfico de personajes como La Chica de Kung-Fu y Gervasio Robles, El Pantera, brilló con luz propia en las páginas de Bronca, al destacar como uno de los dibujantes mexicanos con más recursos narrativos que se hayan forjado en la industria, al igual que el maestro Antonio Cardoso. Ambos artistas tuvieron una importante participación en las páginas de Denuncia!, de la cual eran titulares, junto con el portadista Jorge Aviña.

En las páginas de Bronca, el maestro Ángel Mora, creador gráfico de Chanoc, vio por fin publicada su obra El Tigre Automático, con guión de Rolo Díez, la cual ganó el primer y único Premio Nacional de Historieta en 1981, al igual que la reseña del Encuentro Internacional de Dibujantes en Cocoyoc, Morelos. El jurado de ese certamen estuvo integrado por gente de la talla de Alberto Breccia y Carlos Giménez, entre otros.

 

De igual forma, Sixto Valencia, creador de la imagen del Memín  Pinguín que todos conocemos, nos entregó Maderito, también escrita por Rolo Díez, la cual narraba las aventuras de un corresponsal de prensa, un mexicano promedio, que tras ser confundido a su llegada a Madrid, España, se ve involucrado en un complot para asesinar a Fidel Castro. A su vez, Eduardo del Rio, Rius, curiosamente considerado como la verdadera SEP gracias a su trabajo en la historieta pedagógica, presentó en Bronca la obra Mr. Dios.

Como era de esperarse, ya sin un apoyo sustentable y al manejarse de manera independiente, Bronca, realizada con más buenas intenciones y optimismo que con lo necesario para mantenerse viva, no llegó al número seis, cifra meta con la que se decidía si una publicación seguía adelante o no.

Sea como fuere, tanto Snif como Bronca sentaron un precedente y sirvieron como inspiración para revistas como Mono de Papel, que sólo publicó un número, pero sobre todo para un grupo de jóvenes que trataron de replicar su ejemplo en los 90, esfuerzo que se vio plasmado en las páginas de una publicación de gran importancia para el medio comiquero mexicano: El Gallito Inglés.

 

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Author: Everardo Ferrer

Everardo Ferrer es promotor y difusor de la cultura del cómic desde 1994, cuando publicó por primera vez El Factor Mutante en las páginas de la revista Códice Rock. Ha colaborado en las publicaciones especializadas más importantes que se han impreso en México: Súper Cómics, Noveno Arte, Comic Zone y Cenizas: Revista Narrativa Gráfica. Es socio fundador de Comikaze y fue el articulista más longevo de Grupo Editorial Vid, papel que repite en Editorial Kamite.

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1 Comment

  1. Muy interesante el artículo. Vi en una exposición en la Biblioteca México, el número 6 de Snif, de la colección de Carlos Monsivais, y también se sacó otro Snif extra de “El cara de memorandum” de Jaime López-Manuel Ahumada.

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