Arrugas: responsabilidad social en viñetas

Por Iván Lex Montiel

 

Si alguien te recomendara una novela gráfica sobre un anciano abandonado en un asilo y su inminente deterioro mental hacia la demencia a causa del Alzheimer, probablemente pensarías que es la historia más triste del mundo. Pero Arrugas (2007) realmente va mucho más allá de eso, puesto que es casi increíble que en tan sólo 100 páginas logre ahogarnos en un mar de sentimientos, yendo de la risa hasta la desesperación. Su autor, Paco Roca, cuenta que llegó un momento de su vida en el que siempre que iba a comer a casa de sus padres, una de las conversaciones más comunes era sobre los medicamentos que tomaban y cómo estos les causaban efectos secundarios que a su vez debían contrarrestar con otros medicamentos.

Lo que le dio a Roca la determinación para crear esta historia fue una ocasión en que fue contratado por una agencia de publicidad para ilustrar el cartel de un salón automotriz. El artista se tomó la libertad de dibujar a un par de ancianos entre la muchedumbre. Cuando entregó el trabajo sus clientes, le hicieron borrarlos. Los ancianos son antiestéticos, la gente no quiere ver ancianos, le dijeron. Paco Roca reflexionó entonces sobre la publicidad como reflejo de la sociedad, y la forma en que esta última le da la espalda a la vejez.

 

Así inicio su inquietud por contar la historia de Emilio, un director de sucursal bancaria retirado, que es llevado a una casa de retiro para ancianos por su hijo, quién ya no tiene la fortaleza ni la paciencia para aguantar las crecientes crisis de Alzheimer de su padre. En su estancia le asignan un cuarto compartido en el primer piso, el de los válidos, donde residen los inquilinos que aún pueden realizar tareas básicas como ir al baño y alimentarse por sí mismos. Ahí conoce y entabla amistad con Miguel, su compañero de cuarto, un hombre mayor con salud para regalar, quien aprovecha su intelecto para gastar bromas pesadas y despojar de su dinero a otros ancianos; Antonia, la típica abuelita dulce que siempre espera la visita de una familia que nunca la visita, o Dolores y Modesto, una pareja muy peculiar, pues el último ya está prácticamente desconectado del mundo, por lo que ella se encarga de él con un cariño puro. La lista sigue y sigue, pero algo que une a todos estos personajes es el miedo colectivo de perder las facultades mentales y ser trasladados al infernal segundo piso, un terreno inhóspito regido por los gritos y el desorden, donde se encuentran los ancianos asistidos que necesitan vigilancia las 24 horas del día, aquellos a los que la cabeza simplemente ya no les funciona bien y donde la gran mayoría pasa sus últimos días.

 

Es así, como con ayuda de Miguel, Emilio emprende una carrera contra el tiempo para fortalecer su mente y evitar el deterioro mental a cualquier costo. Pero la enfermedad es caprichosa y pasa factura cada vez con más frecuencia. Es una batalla que simplemente no se puede ganar y la angustia es palpable, pero este par de ancianos no se rinden e intentan hasta lo imposible para retrasar ese amargo final, al que todos estamos expuestos.

Este maravilloso libro aborda una comedia bastante sobria pero nunca irrespetuosa, y a lo largo de las páginas no desperdicia ninguna viñeta. Al inicio está lleno de momentos que parecen irrelevantes, pero que más adelante se convierten en nudos bastante conmovedores que nos hacen sentir dentro de las paredes de la residencia. Aunque el número de personajes es bastante grande, en pocos paneles se desarrolla la historia de cada uno, creando una atmósfera de empatía por cada habitante del edificio que da al lector una primicia sobre los problemas que enfrentan las personas de la tercera edad.

 

Con un ritmo narrativo perfecto, Paco Roca hace que nos demos cuenta de que la disolución gradual de la identidad es un tema serio. Al terminar de leer Arrugas, el lector se queda sin palabras y con una sensación de inquietud en la cabeza. Se trata de una obra hermosa y conmovedora, pero que no tiene piedad, pues abre la visión a la injusticia que muchas veces nosotros mismos cometemos con el simple hecho de ser indiferentes, de voltear a otra parte, de darle la espalda a las personas que amamos y que nos han dado tanto. Una lectura que brilla por su contenido, por su humanidad, Arrugas es una lectura necesaria.

 

Author: Ivan "Lex" Montiel

Editor y corresponsal para el servicio de televisión de la agencia de noticias Xinhua. Ilustrador aficionado y amante de la narrativa gráfica, radica en la Ciudad de México y es esclavo de dos gatos negros.

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