59 años del polémico Todd McFarlane

Por Alberto Calvo

Pocos autores de cómic han sido el centro de alguna polémica tan a menudo como Todd McFarlane. Desde su transición de autor preocupado por los derechos de autor de los creadores de cómics a recibir demandas por no honrar los tratos con autores que contrató para trabajar en su cómic, y hasta su afición por coleccionar carísimas pelotas de béisbol, invertir en un equipo de hockey o su obsesión por las figuras de acción, el exitoso dibujante canadiense siempre genera comentarios sobre todo lo que hace.

Nacido el 16 de marzo de 1961, Todd desarrolló el gusto por dibujar desde muy joven. Eventualmente esto lo llevó a los cómics, que pronto se convirtieron en su hobby favorito. Durante sus años en la universidad, McFarlane repartía su tiempo libre entre dibujar y entrenar, pues soñaba con ser beisbolista, aunque nunca logró avances significativos, y tras sufrir una lesión en el tobillo se volvió obvio que jamás sería jugador profesional.

Fue también es esos años que empezó a enviar muestras de su trabajo a distintas editoriales de cómic. De acuerdo con el dibujante, debe haber enviado alrededor de 700 paquetes, la mitad de los cuales no recibieron respuesta. La otra mitad recibieron cartas de rechazo, pero algunas de ellas venían acompañadas de consejos de editores, uno de los cuales le recomendó enviar muestras de arte secuencial en vez de sólo pin-ups, que era lo único que mandaba hasta entonces.

Todd dibujó una secuencia de cinco páginas de arte secuencial de Coyote, y las envió a Marvel Comics, donde pasaron por las manos de varios editores hasta que uno de ellos las hizo llegar a Steve Englehart, cocreador del título en cuestión, mismo que era publicado por Epic Comics, un subsello de Marvel. El escritor llamó a McFarlane y le ofreció su primer trabajo, una historia de apoyo publicada en las páginas de Coyote en 1984.

 

Así arrancó su carrera en Marvel y DC, donde destaca su trabajo en Infinity Inc. (1985-1987), un breve paso por Detective Comics para el arco Batman: Year Two (1987), y The Incredible Hulk (1987-1988), donde colaboró con el aclamado escritor Peter David.

Pero su auténtico salto a la fama se dio en 1988, cuando se convirtió en el nuevo dibujante regular de The Amazing Spider-Man, donde colaboró al lado del escritor David Michelinie y fue responsable de ilustrar la primera aparición de Eddie Brock / Venom.

Su trabajo en la serie dio un nuevo dinamismo a Spider-Man, y su peculiar forma de dibujar los ojos y telarañas del personaje ha influido a muchos artistas posteriores. Al mismo tiempo, fue también en esa época que su diseño de páginas se empezó a volver más caótico y su habilidad narrativa, muy básica desde el inicio de su carrera, se vio afectada al grado de casi desaparecer. Esto ya era casi irrelevante, pues su popularidad (y el mercado para sus páginas y portadas originales) seguían en ascenso, lo que le daba una buena dosis de inmunidad ante la gran mayoría de los editores.

 

Por ello no fue ninguna sorpresa que, cuando McFarlane amenazó con renunciar si no lo dejaban escribir sus propias historias, Marvel decidiera crear un nuevo título de Spider-Man escrito y dibujado por él. Para entonces el medio estaba lleno de especuladores que buscaban capitalizar con la popularidad de las principales super-estrellas de Marvel, y la Casa de las Ideas aprovechó eso al lanzar la nueva serie con múltiples portadas variantes del primer número, aparecido en el verano de 1990.

El resultado de ese entorno resultó en lo que en ese entonces fue un récord, pues se vendieron más de dos y medio millones de copias de ese número. Eso debía bastar para tener a todos contentos, ¿cierto? Pues no. Las historias que Todd decidió contar en las páginas de Spider-Man eran muy oscuras y se alejaban en tono de todo lo que editores, creativos y fans identificaban con el personaje, y eso llevó a nuevos roces con el área editorial de Marvel, y con Jim Salicrup en particular.

El creciente desinterés de McFarlane por entregar su trabajo a tiempo llevó a publicar un número de relleno justo antes de que él entregara el número disciséis de la serie, que habría de ser el último de su etapa como escritor y dibujante, no sólo de Spider-Man, sino también de Marvel Comics en general. Unos meses después, en asociación con otros seis autores de alto perfil, Todd fundó Image Comics, y Spawn #1 vendió 1.7 millones de copias, lo que a la fecha se mantiene como un récord de ventas para un cómic independiente.

El éxito inicial de Spawn y de Image Comics es algo que merece un texto aparte, pero ahí Todd dio salida a la clase de historias que Marvel no le permitía crear. Cabe mencionar que ser su propio jefe no mejoró su disciplina de trabajo, y desde el segundo año de la serie Greg Capullo fue artista sustituto en un puñado de números antes de convertirse en el nuevo dibujante regular con el número 26, y McFarlane fue el escritor y entintador por casi cuatro años más antes de delegar también esas funciones.

El conflicto mediático de McFarlane con Peter David, o su larga disputa legal con Neil Gaiman acerca de los derechos de autor sobre algunas creaciones del escritor británico (misma que eventualmente McFarlane perdió), o incluso su breve pero también notoria batalla legal con Al Simmons, son partes de la historia que merecen ser analizadas más a fondo, por lo que quedarán para otra ocasión.

Sin embargo, algo que quiero mencionar es que, si obviamos el hecho de que Spawn tuvo cuatro escritores invitados en su primer año y tres números escritos por Grant Morrison en el segundo, y que Greg Capullo dibujó un puñado de números antes de volverse el artista regular, a lo largo de los años McFarlane ha contratado a escritores como Brian Holguin, David Hine y Paul Jenkins, y a artistas como Whilce Portacio, Angel Medina, Philip Tan y Jason Shawn Alexander para contar las historias de Spawn.

 

Pese a haberse convertido en lo que decía odiar (una empresa que contrata creativos para hacer sus historias sin ofrecer una justa participación de las ganancias que ayudan a crear), Todd tiene el ego suficiente como para haber pagado hace unos meses la certificación Guinness para afirmar que con la aparición de su número 301, Spawn es el cómic de autor más longevo de la historia del medio, superando los 300 números de Cerebus The Aardvark, todos los cuales fueron escritos y dibujados por Dave Sim.

Y supongo que esa puede ser la característica más distintiva de McFarlane a lo largo de sus 35 años en el medio: su ego. Aunque también podría tratarse de su necedad, misma que suele verse reflejada cuando insiste en tratar de hacer las cosas de cierta manera, aún si es evidente que está equivocado, como ha sido el caso en casi todos los pleitos legales en que se ha visto involucrado a lo largo de lo que va del siglo.

Más aún, creo que las exigencias que ha presentado para el posible remake de Spawn en una versión cinematográfica, que en teoría habría de ser llevada a término por Blumhouse Productions, son un buen resumen de la ideología manifestada por Todd a lo largo de su carrera. Para que la película se concrete, McFarlane exige que 1) el proyecto tenga clasificación R (sólo adultos), 2) que sin importar la historia, Spawn debe ser “cool” y “badass“, y 3) que él sea el director de la película.

 

Renunciar al grueso de la taquilla a cambio de incluir los elementos oscuros y violentos que él prefiere parece razonable y es congruente con la propiedad; que los visuales y actitud importen más que la historia refleja su obra en el sentido de que splash pages y pin-ups siempre han sido más importantes que la historia o el desarrollo de personajes; y que él sea lo primero en la mente de todos, aún si se trata de un trabajo que nunca antes haya realizado.

Y justo por esa última condición es que creo que la película nunca llegará a los cines, a menos que encuentre el modo de financiarla él mismo y así poder realizar por su cuenta todo el trabajo de producción.

Como quiera que sea, Todd McFarlane es una figura sin cuya presencia la escena del cómic estadounidense de los últimos treinta años sería algo muy distinto. Más allá de la polémica que lo rodea, hay que reconocer que, para bien o para mal, su personalidad le ha asegurado un lugar en la historia de este medio.

¿Tienes algún trabajo favorito de este controvertido autor?

 

Author: Alberto Calvo

Alberto Calvo es escritor, traductor, editor y podcastero con casi 40 años leyendo cómics. Siempre ha sentido curiosidad sobre dónde y cómo se crean los cómics, pero para él lo más importante son las historias. Traduce cómics para Panini Comics México, tuitea como @albion2112, y puedes escucharlo cada semana en comicverso.org o leerlo de forma habitual en hogueradelasnecedades.blogspot.com

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.